jueves, 3 de septiembre de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 7

Me enrollo una toalla en el pelo y me enfundo la primera camiseta que veo, con un par de pantalones. Bajo las escaleras a saltos, corriendo hacia el patio, donde he oído el golpe. Mis sentidos de loba se van activando, y me aterroriza que pueda Transformarme en cualquier momento. El porche está vacío, pero hay rasguños por todo el suelo de madera. Sigo unos rastros de barro y suciedad por el suelo, son huella, algunas animales y otras humanas. Puedo decir que esta noche ha llovido a cántaros, el bosque desprende un aroma a tierra mojada y el recuerdo de patas embarradas y hocicos húmedos se presenta en mi mente. Intentando no dejarme absorber sigo buscando en el patio la fuente del golpe.
Hay dos siluetas tiradas en un rincón. Una tiene patas y se retuerce bajo una figura humana. Reconozco a Melanie en la loba, pero no puede verle la cara al chico que tiene encima. Me acerco más y Mel me gruñe. El muchacho está inconsciente sobre ella, aplastándola, si lo aparto podrá volver con la manada y estar a salvo. Sigo sin reconocer al humano mientras le arrastro como puedo para quitárselo de encima a Melanie, pero tan pronto como ella consigue salir de debajo su cuerpo empieza a convulsionarse, a Cambiar. Levanto al Desconocido y entro en casa con él a cuestas y resoplando por el esfuerzo. Le suelto en el sofá y le tapo con lo primero que encuentro, una de nuestras mantas de cuadros escoceses, la azul y morada. Subo las escaleras a la carrera, impulsada por una carga de adrenalina y dando voces para que Justin se despierte. Entro en torrente en la habitación y cojo su manta de encima de la cama. En mi camino de vuelta pateo la puerta de mi habitación y vuelvo a gritarle.
 
– JUSTIN ¡Haz el favor de despertarte, marmota! Tenemos un problema importante. – Me mira sin entender desde la cama, con el sueño aún nublándole los ojos. – Te quiero ver abajo en menos de 30 segundos – le suelto mientras le miro a los ojos, seguras de que los míos echan chispas.

Corro escaleras abajo una vez más para salir al patio trasero. Oigo un gruñido viniendo del sofá donde he dejado a Don Extraño Desnudo, pero no le presto atención en mi preocupación por Melanie.
Sobre el fango y la hierba mojada Melanie tiembla hecha un ovillo. No está del todo consciente y tiene una pequeña mancha de sangre en su costado. No tengo ni la menor idea de si es suya o de Don No-Llevo-Pantalones, pero sin planteármelo la envuelvo en la manta y me la cargo a hombros como he hecho con el otro chico. Al entrar en casa, Justin está al lado del sofá observando al muchacho inconsciente y desnudo. Al verme con Mel en brazos exclama una palabrota y corre a ayudarme. La subimos a su habitación, le pido a Justin que vaya a buscar un poco de agua mientras la tumbamos en su cama. Cuando vuelve con un bol y el pañuelo me apresuro a limpiarle la sangre a Melanie. No tiene ni un rasguño, y no sé si es porque la sangre no era suya, o porque ya ha sanado.

– Oye Lyd… – La voz de Justin en la puerta ahuyenta los pensamientos sobre sangre de la cabeza – ¿Quién es el desnudo del sofá?
– Pregúntaselo a él, o a Mel. El que se despierte primero. – Le respondo acercándome.
– Entonces esa voy a ser yo

La voz de Mel me sobresalta. Está sentada en la cama, con su melena rubia despeinada y tapándose el pecho con la manta. Pero nos sonríe abiertamente.

– Justin, sal mientras se pone algo de ropa. Y tráele algo de comer también.
– Sí, señora – responde él guiñándome un ojo. – Aprovecharé para comprobar que nuestro chico misterioso esté bien.
 
Al pasar por mi lado me da un apretón en la mano. Siento encenderse mis mejillas, pero le sonrío. En cuanto la puerta se cierra tras él, Mel se levanta de un salto y se abalanza hacia su armario, no sin antes dirigirme una mirada inquisitiva. Hay algo más en sus ojos que no logro identificar.

– ¿Qué ha sido todo eso exactamente Lyd? – Su voz todavía un poco ronca por el reciente Cambio. – No recuerdo que Justin fuera tan efusivo contigo.
– Yo… – Su voz desprende un matiz extraño que me incomoda, pero cuando se gira sus ojos sonríen y una mueca burlona está atascada en sus labios.
– ¡Oh Dios mío! Ha roto con Silvia, ¿Verdad? – Exclama, y luego añade mirándome de reojo – Y supongo que habrá pasado algo entre vosotros dos – se le rompe un poco la voz en la palabra ‘vosotros’ y lo cubre con una tos.

Mel se pasa una de sus camisetas gastadas por la cabeza y da un par de saltos sobre un pie para entrar en sus vaqueros de repuesto. Luego vuelve a sentarse en la cama y se echa la manta sobre los hombros. Me siento a su lado y la abrazo susurrándole lo mucho que la he echado de menos. Me rodea a mí también con la manta y me devuelve el abrazo.
Justin no llama desde la cocina. Tras una mirada, Mel sale corriendo de la habitación, descalza y con la manta a modo de capa. Yo la sigo pisándole los talones, gritándole que tenga cuidado. Al llegar a la cocina, veo como Justin está mirando algo detrás de mí con cara de susto. Mel ya se ha sentado sobre la isla y sonríe en la misma dirección. Giro sobre mis talones, desconcertada, y me doy de bruces con el pecho desnudo del Desnudo Misterioso.
 
– Muy bien, ¿Mel? Creo que es el momento de que nos expliques qué narices ha pasado ­– digo muy lentamente. Oigo su risita y como Justin coge aire. – Y tú, quién quiera que seas, – continúo apuntándole con un dedo acusatoria y poniéndome roja como un tomate, – haz el maldito favor de ponerte algo de ropa.
 
El muchacho mira hacia abajo, igualando el rubor de mis mejillas, mientras Melanie se desternilla sobre la mesa de mármol. Just acude en su ayuda, y lo empuja corriendo escaleras arriba, las lágrimas asomando a los exóticos ojos de mi amiga.

– No me puedo creer que le acabes de decir eso – Mel sigue riendo sin parar, quedándose ya sin aire.
– Supongo que ahora me contarás lo que ha pasado con ese pobre chico – repito por enésima vez en menos de media hora.
– Sí, sí. Perdona, pero antes ¿Eso que huelo es un risotto de los de Just?
– Sí – digo la palabra en un suspiro – fue nuestra cena de ayer. – Abro la nevera y saco el Tupperware con las sobras.
– ¡Genial! Me muero de hambre.
 
Le pongo un plato delante justo cuando Justin y el desconocido, ya vestido con la ropa de Caleb, se plantan en la puerta de cocina.

– Muy bien chicas, nuestro amigo se llama Matt y creo que está tan desconcertado como nosotros. ¿Mel?

La susodicha sonría con la boca llena y Just contiene una mueca de asco sin demasiado éxito. Ella suelta un ligero gruñido y asiente tragando. Sirvo otro plato y se lo pongo delante a Matt, sonriéndole, supongo que eso es lo peor que le ha pasado hasta ahora.

– Come, te sentará bien llenar el estómago.
– Bien: supongo que habréis escuchado los disparos de ayer, como mínimo tú, Lydia. – Asiento, concentrándome en la voz de Melanie – Pues nosotros estábamos huyendo de los cazadores cuando le dieron a uno de los cachorros. No sé a cuál, no nos paramos a comprobarlo. – Una nota de dolor cruza su voz. – Después de eso nos dispersamos. Oí los aullidos de los demás para que nos reuniéramos, pero no podía encontrarlos. He vagado toda la noche por el bosque, intentando dar con la manada. Y al amanecer más o menos me he tropezado con este, – continúa señalando a Matt con la cabeza – apestaba a lobo pero era humano. Mi instinto me ha dicho que lo trajera a la casa, así que eso he hecho. Y supongo que habré cambiado justo después de traerle, sólo recuerdo llegar al patio y desmayarme bajo su peso. – Y tras decir eso, vuelve a centrarse en su plato.
– Dices que apestaba a lobo, ¿Entonces quién le ha mordido? – dice Justin.

Mel se encoge de hombros

– ¿Creéis que podría ser un Puro? – Pregunto yo.

Mel repite el gesto con los ojos todavía fijos en el plato de arroz.

– Chicos, – una voz ronca y suave al mismo tiempo habla a mi izquierda, y me giro para ver a Matt sentado en uno de los tamboretes. Se me había olvidado que estaba aquí. – Creo que yo puedo responder a esas preguntas.
– ¿Tercer Grado? – Pregunto al aire
– Tercer Grado – confirma Mel, con una sonrisa predadora en los labios.
 

Diez minutos más tarde, Matt está sentado en el sofá y Melanie y yo nos hemos colocado frente a él. Mel tiene la cabeza apoyada en los brazos, que descansan sobre el respaldo de la silla girada en la que se ha sentado. Yo doy vueltas sobre uno de los tamboretes de la cocina que hemos movido hasta delante del sofá naranja del salón. Justin se ha acomodado en un sillón y se ríe de nosotras.
Un rato antes, cuando hemos decidido que íbamos a interrogar a Matt, Justin se ha caído al suelo de la risa mientras Mel y yo observábamos como el color desaparecía de las mejillas del interrogado. El pobre está un poco asustado. Melanie sabe que ella tiene el rol de poli malo, y yo el de poli bueno, pero normalmente no los usamos. Simplemente solemos bombardear a preguntas al pobre desdichado que se convierta en nuestro objetivo. Hemos sometido al Tercer Grado a todos los novios, novias o Mordidos de la manada desde que éramos niñas, para las dos esto ya es una tradición.
Matt carraspea y yo dejo de dar vueltas. Le observo curiosa. Lleva unos vaqueros de Caleb y una camiseta vieja de Justin con el logo que creó para la manada, un lobo aullando con una enorme bufanda roja alrededor del cuello. Recuerdo que quiso escribir debajo: WEREWOLFS’ RULES* y mis padres no le dejaron. La camiseta le va un poco pequeña a Matt. Es muy alto, y está musculado. Las mangas se pegan a sus brazos, ofreciendo pequeños vistazos de sus bíceps. Tiene el pelo muy oscuro, negro como el carbón, y los ojos grises y brillantes. Desde aquí puedo oler la esencia lobuna que desprende, y un ligero aroma a aceitunas.
 
– Dinos tu nombre – Mel se inclina hacia adelante en su silla con los ojos brillantes.
– Matt Moonrise**
– Que ironía tío – dice Justin soltando un silbido.
– ¿Cuántos años tienes? – Digo como si Just no hubiera hablado.
– 19
– ¿Mordido o Puro?
– Mordido
– Entonces, ¿Tienes manada?
– No
– ¿Eres un Omega? – Pregunta Mel.

En una manda hay tres tipos de lobos. Los Alphas, o jefes de la manada, a los cuales sólo se puede substituir matándoles o por la línea sucesoria. Los Betas, el resto de los lobos de la manada. Y los Omegas, lobos extraviados y sin manada que vagan o bien solos o bien siguiendo a manadas pequeñas.

– Sí, estaba buscando una nueva manada.
– ¿Qué le pasó a la anterior? – Justin mete baza sin darse cuenta.
– Cambió de Alpha – se encoge de hombros, pero al vernos a todos esperando más, continúa. – Mi hermano y yo estábamos en la manada de la frontera. Nos mordieron a los dos a la vez y éramos la última incorporación. Nuestro Alpha era bueno, nos enseñó a cazar y defendernos, y nos dio una habitación donde quedarnos cuando nuestros padres nos echaron.
<<Hace un par de semanas, o al menos creo que fueron semanas, en forma lobuna el tiempo pasa extraño, el resto de la manada empezó a pelearse a menudo. Adam, mi hermano, se metió en muchas de las peleas. En una de ellas, el otro lobo perdió la oreja y a Adam lo echaron. Después de eso no lo he vuelto a ver. Días más tarde, el lobo que había perdido su oreja en la pelea, mató a nuestro Alpha y le arrebató su puesto. Y me expulsó, igual que a mi hermano.>>
– ¿Cómo has llegado hasta aquí? – Mel ya no sonríe.
– Pues corriendo, creo que he tenido suerte de que no me atropellaran. – Cuando sonríe sus ojos se entrecierran y se rasca la parte de atrás de la cabeza.
– ¿Por eso estabas desmayado en medio del bosque? – Matt asiente lentamente.
– Mi abuelo es el Alpha, – digo al cabo de un rato, – él y los demás siguen en nuestro bosque. Como ves la única que ha vuelto es Mel. Por el momento puedes quedarte aquí con nosotros.
– ¿Tú eres una Pura? – Los ojos se le han abierto mucho de golpe.
– Sí, – mi voz es más firme de lo que me siento en realidad – este es mi último invierno.

De reojo capto como la luz se desvanece de los ojos de Justin por un segundo, pero es tan breve que podría habérmelo imaginado.

– Puedes usar la habitación de invitados, – dice Melanie – y cuando vuelvan los Mayores decidirán si te quedas o no.

Después de decir eso, se gira hacia mí y me dice:

– Ahora Lyd, por la mirada que me has echado cuando he mencionado que habían alcanzado a uno de los cachorros, sé que sabes quién es.
 
Matt nos mira horrorizado, Justin se hunde en el sillón y yo siento la ola de tristeza apoderarse de mí. Al verlo, Mel reacciona y sigue hablando:

– Lydia, esa cara no me dice nada. – Su voz es intensa, está intentando prepararse para oírlo. – Todos los cachorros son importantes para nosotras. Sabes que despiertan una especia de instinto maternal primario en todas las hem…
– Es Rory, – interrumpo – es Rory. No es Max, ni Rosy, ni Caleb, ni Rox, ni Katelynn, ni Cassie… – La voz se me resquebraja antes de que pueda decir los nombres que me faltan: AnneMarie, Judith, los gemelos Luigi y Mario, Gideon.

En forma lobuna todos parecemos cachorros hasta que cumplimos los 15 años, luego ya somos lobos adultos, aunque jóvenes. Caleb y Rox ya son adultos, pero suelen ser los que cuidan de todos. Mel me mira un instante y luego se desinfla. Las lágrimas asoman a sus hermosos ojos y yo las siento calientes en los míos. La abrazo en silencio mientras ella se hunde. A Rory ya sólo le faltaba un año, en Agosto iba a cumplir 15, tendría su primer año de cortejo, sus cazas con el resto de la manada, y eso ya no iba a suceder.

Matt nos mira sobrepasado y de reojo veo como Justin hace amagos de acercarse y abre y cierra la boca sin saber qué decir.

– Lyd, ¿Vamos a poder enterrarle? ¿Lo saben sus padres?
– Claro, Mel, le enterraremos como es debido. Y, sí, sus padres lo saben.

Le acaricio la espalda para que se tranquilice y me muerdo el labio para dejar de llorar yo misma. Si Mel levanta la cabeza y ve mi cara mojada, ella no va a calmarse jamás.
 
– Venga chicas, – la voz de Just nos hace separarnos un poco – sé que no puedo hacer mucho, pero creo que deberíamos distraeros de algún modo. Así que, puesto que ayer no vimos la película Lyd, – me guiña un ojo para ocultar la pequeña decepción que sé que siente, – creo que podríamos verla ahora.
– ¿Qué película es? – Pregunta Matt intentando ayudar.
– No lo decidimos, – dice Justin con una sonrisa de disculpa – y como eres el nuevo, Matt, te voy a otorgar el honor de escogerla. Ven, te enseñaré nuestra colección de DVDs.

Dicho esto, se lo lleva a la estantería acristalada que hay al otro lado de la sala y nos dejan solas. Le limpio las mejillas a Mel con el dorso de la mano y le sonrío un poco.

– No te preocupes Mel, todo va a salir bien, los demás van a volver pronto y superaremos esto todos juntos. – Ni siquiera sé si yo misma me lo creo, pero son palabras de consuelo y ambas las necesitamos.

Mel asiente, me estruja entre sus brazos y luego se acomoda en el sofá, envuelta en su manta de cuadros. Los chicos vuelven con un DVD y lo ponen en el reproductor. Matt se deja caer sobre el sofá, obviamente un poco incómodo, y se tapa también con la manta que queda libre. Yo, en busca de un poco de calor, me siento medio encima de Just en el sillón. Me da un beso en la templa y me susurra al oído:

– Mi lobita valiente.

Puedo oír su sonrisa mientras entrelaza sus dedos con los míos y apaga la luz.

lunes, 8 de junio de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 6

Unos brazos rodean mi cuello y siento la barbilla de Justin apoyarse en mi cabeza.

– Buenos días, preciosa – dice en un susurro.
– Hola – digo cantarina.

Se sienta a mi lado y me mira.

– ¿Cómo ha ido? – Pregunto a media voz, me da vergüenza

Una mueca se disimula en su cara, pero es tan fugaz que me parece habérmela imaginado.

– Hombre, – empieza – no se lo ha tomado demasiado bien. Pero eso es normal supongo. Me ha gritado cuatro cosas obscenas y se ha largado airada.

Suspiro, es un alivio y a la vez no lo es, Ahora Justin puede estar conmigo, pero me siento mal por Silvia. Siendo sincera, nunca me cayó demasiado bien, pero no es mala persona.

– Luego pasé por casa a ver a mis padres, para así poder decirte algo cuando volviera. – Su rostro se llena de sombras – Tienen el cuerpo de Rory, han llamado a sus padres y ellos les han dicho que se harán cargo.


Suspira tocándome el brazo. Mis ojos se llenan de lágrimas otra vez. Cuanto lo siento, la culpa me consume. Justin vuelve a rodearme con sus brazos y me acalla con dulzura. Ya no falta demasiado para que termine el invierno, y pronto la manada volverá a llenar la casa, con su olor y su ruido habituales. Volveré a ver a Melanie y a los demás, y mis padres se harán cargo de todo. Todo irá bien durante un tiempo. Hasta que vuelva a llegar el frío. Pero la próxima vez, yo también estaré en el bosque.
Justin me susurra cosas al oído, me reconforta con algunas sandeces. En realidad no le estoy escuchando, sólo oigo lo que me dice sin comprenderlo todo.

–… en la cama.

Esas últimas palabras me ponen en alerta. Le miro con los ojos como platos y suelta una carcajada.

– ¿Qué es lo que has dicho?
– Que me gustaría saber cómo es eso de los desayunos en la cama. No me estabas escuchando, ¿A qué no? No te preocupes – dice al ver mi expresión compungida – estaba diciendo chorradas sin importancia para alejarte del bosque.

Suspiro y me dejo caer contra él. Me da un beso en la frente y se levanta a mirar por la ventana.

– ¿Cuándo crees que volverán? ¿Hace demasiado frío todavía?
– ¿Lo dices por mi transformación de esta mañana? – Asiente levemente. – No te preocupes por eso. Sabes que son transformaciones esporádicas. Mi cumpleaños está cerca, Just, el virus sólo se está adecuando a mi cuerpo. Además, el frío para mí es diferente. Lo que para ti no es nada, para mí puede suponer el cambio. – Suelto todo eso con voz neutra, aunque por dentro me destroza lo que implican mis palabras. – Si te soy sincera, no creo que tarden demasiado. La primavera tardará poco más en llegar, como mínimo los más jóvenes deberían volver pronto.
– Hecho de menos a Melanie, Rox y Caleb – le sonrío con complicidad. – La casa es un rollo sin esos locos.
– Tienes razón – digo entre risas.


Melanie, Rox y Caleb son los otros lobos jóvenes a parte de mí. Ellos y Just son mis únicos amigos. Le mención de sus nombres nos hunde a los dos en un océanos de recuerdos.

Melanie llegó cuando teníamos 5 años. Ella sólo tenía 6, pero la habían mordido en un momento de desesperación. Era una niña rubia con extraños ojos violáceos. Como loba era una hembra moteada, sumisa y hábil cazadora. Parecía que hubiera nacido para esta vida. Sus padres la abandonaron y la dieron por muerta. Aún no teníamos el apoyo de ningún adulto, así que ella tuvo que desaparecer. Cuando llegó el calor y volvió a su casa, no entendieron la situación. Pensaron que se había vuelto loca en el bosque, así que ella tuvo que fugarse y se vino a nuestra casa. Ya hace años que no sabemos nada de ellos.
Ella es inteligente, creció para convertirse en una chica muy hermosa y una loba más que integrada en el bosque. Incluso en forma humana, sus instintos son mucho más potentes de lo normal, y recordaba el bosque muy vivamente.

Rox es el diminutivo de Roxanne, pero nadie la llama así. Sólo oír ese nombre le entran escalofríos y se pone tensa. Rox llegó el invierno siguiente a Melanie, y tiene su misma edad. Se podría decir que ella es una morena de verdad: su piel es del color del chocolate, su pelo tiene el mismo tono marrón del tronco de los árboles, y sus ojos dos pozos brillantes que con los años empezaron a conquistar a todos los chicos con los que se cruzaban.
Su integración fue lenta, pero para mí ella se convirtió rápidamente en una hermana. Aun así, en el bosque era completamente distinta. En seguida se convirtió una de las primeras hembras de la cadena. Sus ojos oscuros resaltan entre su pelaje grisáceo, y en su primer año de apareamiento la cortejaron todos los machos de nuestra manada. Ella los rechazó a todos sin contemplaciones. Ella siempre fue una de las más sensatas, mantiene su lucidez humana como animal.

Caleb es nuestro único macho joven. Rory solía hacerle la competencia cuando eran más pequeños, pero se dieron cuenta de que no valía demasiado la pena en poco tiempo. Llegó el mismo año que Rory mordido por este mismo.
Todo fue algo raro con Caleb. Sus padres no le rechazaron, pero tampoco le aceptaron, simplemente lo dejaron a nuestro cargo y se centraron en ocuparse de los hermanos de Caleb. Así, sin más, Caleb se vio con una nueva familia y una nueva vida. Frente a los adultos se cerró en banda y no se dejó ayudar. Pero con los demás fue una historia diferente. Se llevó bastante bien con los “cachorros”. 
La verdad es que les echo mucho de menos.

– Deberíamos hacer algo – propone Justin. – No soporto quedarme así, quieto.
Le sonrío pícara y me levanto del sofá. Ha sido un día muy largo, mucho. 
 
– Ven – le digo ofreciéndole la mano.
– Lyd, ¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando?
– No, en absoluto – digo riendo.

Nos dirigimos a la cocina. Tengo hambre y quiero preparar algo de cena. Él ha dicho que quería hacer algo, pues ahí lo tiene.

– ¿Qué quieres cenar? – Pregunto encendiendo la radio.
– A ti. – Sonríe acercándose – pero te prefiero de postre.

Me da un beso en la mejilla y abre la nevera. Se queda ahí plantado con cara de pensar y observando la comida en las baldas.

– Veo un risotto de setas y aceitunas negras en nuestro futuro. – Anuncia triunfante.

Me siento en la isla mientras él se mueve entre los fogones como si estuviera en su casa. Cocinar se le da de miedo. Me encanta cuando se queda en casa y cocina conmigo o para los dos. Tararea al cocinar y yo no tengo nada mejor que hacer que mirarle divertida. Una parte de mí está en contra de esto. Esa parte quiere estar de duelo profundo, suprimir el amor y la risa del mundo entero. Pero la otra parte sabe que no me lo puedo permitir o enloqueceré. Pongo la mesa absorta, sin apenas pensar con claridad. Decido dejarme llevar por la música y Just, bailo poniendo cubiertos y vasos sobre el mantel. Justin se ríe de mí al verme y se le cae un poco del arroz que estaba sirviendo en nuestros platos. Ojalá pudiera ser así para siempre.
Conversamos durante la cena un poco más animados que a la hora de la comida. Pronto no queda nada en mi plato, y la verdad es que el hambre se desvanece. Me río de los comentarios de Justin. En un momento dado, pasa algo que hace que él coja mi mano y entrelace nuestros dedos. Mi mira con ternura y una bonita sonrisa en sus labios. Le aprieto la mano, riendo, y me obliga a levantarme. Bailamos por la cocina mientras las risas y la música llenan el ambiente. Y enseguida se les unen los besos. Dulces, intensos, desesperados, tristes, juguetones, llenos, exactos. No puedo describir lo que siento con el simple roce de sus labios. Hasta que se detiene y le miro confundida. Me besa la punta de la nariz y se pone a recoger platos.


***

 La mañana es fresca y agradezco que Just me abrace. Aunque el miedo a mi cambio se instaló en mi estómago la noche anterior y aún permanece agarrado a mis entrañas, me siento segura entre sus brazos. Me retuerzo para poder mirarle la cara, su carita de marmota dormida. Quiero darle un lengüetazo de broma en la mejilla, pero justo entonces suena mi teléfono móvil. Me incorporo y busco el aparato entre las cosas varias que hay en la mesita de noche. Cuando lo encuentro veo que tengo un mensaje que un número oculto.

No te creas que todo ha terminado. Sé mucho más de lo que crees.
¿Silvia? ¿Era ella? ¿Qué es lo que quería decir con ese mensaje? No le doy demasiadas vueltas, no creo que valga la pena. Me dirijo al baño para ducharme, pero al poco de que el agua me caiga encima un ruido me pone en alerta.

sábado, 23 de mayo de 2015

El Secreto del Océano: Capítulo 6

Paula


La reina habla tranquila y pausadamente sobre El Peregrinaje. Su calma me pone nerviosa y muevo mi aleta arriba y abajo tras la espalda. No me parece bien no decirle a Lucas que su hermano está aquí. Pero es una orden real y habrá que cumplirla a pesar de todo. No me importa realmente hacer el viaje, pero me da un poco de miedo. Por lo que la reina Siri y Aquata y Alana nos han contado, nadie sabe qué es lo que nos espera allí.

– … ni siquiera yo misma sé cuáles son las distintas pruebas a las que tendréis que enfrentaros – continua la reina. – Pero estoy segura de que no van a ser fáciles y por eso os ruego que tengáis muchísimo cuidado. No me gustaría nada perderos de vista.
– Espere, – dice Lucas levantando las manos y haciéndole ‘stop’ con ellas a la reina – Su Majestad, ¿Me está diciendo que ha muerto gente en este viaje?
– Sí – responden Aquata y Alana al mismo tiempo.

La cara de Lucas es todo un poema, como la de Arch cuando nos lo han contado todo antes. Y supongo que como la mía también. Todo esto es un lío gigantesco, comienzo a arrepentirme de haber traído a Lucas a la ciudad.

– Aunque el viaje es peligroso debes hacerlo para decidir si te quedas con nosotros o vuelves a la superficie. En cualquier caso, este viaje es también obligatorio para los miembros de nuestra especie que transforman a los Convertidos. – Me mira con gravedad y prosigue. – Además Lucas, tienes que saber que es muy importante que pases las pruebas tú solo, sin ayuda de nadie y por propia voluntad. Por esa razón os pido a todos vosotros, que por favor os toméis el tiempo que necesitéis. No hay ningún problema.

– ¿Y nuestros trabajos? – pregunta Arch
– Seréis excusados como si estuvierais enfermos tanto tiempo como sea necesario. Cuando volváis lo retomaréis todo desde donde lo dejasteis.
– ¿Cuándo nos vamos? – Pregunta Lucas – ¿Y qué hacemos cuando hayamos superado todas las pruebas? – Hay mucha determinación en su mirada.
– Os marcháis esta tarde – responde la reina, – y en cuanto a qué hacer, lo sabréis cuando paséis la última prueba.

Dicho esto, suenan otra vez las caracolas, las puertas se abren y la reina Siri sale majestuosamente por la puerta. Las gemelas y Arch suspiran pero Lucas y yo seguimos mirando fijamente a la puerta. Creo que sospecha que algo no es normal en todo esto.


***


Alana y Aquata nadan delante de mí charlando con Lucas. Arch y yo vamos detrás cargando con nuestras mochilas. Llevamos lo básico, pues ambos estamos preparados para estos viajes, pero necesitábamos los sacos de dormir y algunas provisiones. Lucas nada con ganas, aletea muy rápido, aunque es consciente de que hoy no avanzaremos demasiado porque ya es tarde.

– Arch, no me gusta no decirle a Lucas lo de su hermano – susurro para que Lucas no me oiga.
– A mí tampoco hermanita, pero no podemos hacerle nada y lo sabes. Si le decimos que Marcos está en la ciudad no querrá volver a la superficie. – Arch me responde en el mismo tono y suelta un suspiro contenido.
– Pero, ¿Y si ya no quiere volver? ¿Y si es consciente de que algo no va del todo bien y quiere quedase?
– Entonces será su decisión. Paula, por favor deja de preocuparte. Mirándolo por el lado positivo, por fin tenemos las vacaciones que tanto deseábamos.

Me guiña un ojo y con dos fuertes aletazos se pone a la altura de las gemelas. Suspiro y me dispongo a hacer lo mismo cuando me doy cuenta de que Lucas se ha rezagado un poco y que ahora nada a mi lado.

– Hola – saluda
– Hey, ¿Estás bien? – Sigue un poco pálido, y aunque intenta sonreír no consigue convencerme, veo la mirada seria de sus ojos.
– Sí, es solo que estoy un poco confundido. ¿Y tú? Pareces muy preocupada. No has sonreído ni una vez desde que salimos del palacio.
– En realidad estoy bien, sólo me preocupa un poco el Peregrinaje.
– A mí también, pero creo que será interesante. – Le destellan los ojos, como ayer en mi habitación. – Así me gusta Paula, ¡Sonríe!

Sin darme cuenta una sonrisa ha asomado a mis ojos al ver el brillo de los suyos. Y por lo que dice, no se le ha pasado el detalle. De repente, pone cara de fingida perversidad, me coge de las manos y empieza a hacernos girar cogidos de las manos. Giramos descontrolados y suelto un pequeño grito de espanto, pero él se ríe a carcajadas y pronto me contagio. Reímos y giramos, y en un momento pasamos por delante de las gemelas y mi hermano. Veo caras de asombro y de repente nos paramos. Lucas y yo nos miramos y al instante volvemos a reír como locos. Arch sonríe, Aquata se ríe y Alana viene a nuestro encuentro muy alegremente. Lucas la coge de las manos como a mí un momento atrás y vuelve a empezar el proceso. Por el rabillo del ojo veo como Aquata lo imita, arrastrando a Arch por el camino. Cuando nos paramos todos, y después de recuperarnos de la risa y los mareos, volvemos a ponernos en marcha. Esta vez con un poco más de alegría. Lucas me mira de reojo y yo le adelanto dándole un suave aletazo en la mejilla. Sonríe y yo me digo que a lo mejor el Peregrinaje no estará tan mal.


Pronto anoche, y nos vemos obligados a parar. Arch saca los sacos de dormir y algunas galletas de percebe y nos ofrece. Hacemos una pequeñas cena a base de las galletas y luego decidimos irnos a dormir. Alana y Lucas se quedan dormidos en cuestión de segundos, pero yo no puedo dormir. El día ha sido demasiado intenso, y tengo mucha información que procesar.


Cierro los ojos para intentar conciliar el sueño, no quiero despertarme mañana con ojeras. Oigo unas burbujas elevarse hacia la superficie, y una risita apagada. Me revuelvo sin hacer ruido dentro del saco y me giro para mirar que es lo que pasa a mi espalda. Una sombra naranja y otra añil se escabullen tras una pequeña pared de corales de tonos cálidos. Vuelvo a oír las risitas de Aquata y Arch y comprendo que mejor les dejo en paz, pero una punzada de resentimiento me acuchilla el estómago. Arch no me lo había contado, y Aquata tampoco.


Vuelvo a revolverme en el saco, buscando la posición cómoda y me encuentro de golpe con la cara de Lucas a pocos centímetros de la mía. Se había ido acercando a mi lado sin que me diera cuenta. Me reconforta bastante su presencia, parece mentira. En apenas 24 horas nos hemos hecho buenos amigos. Sé que no nos conocemos para nada, pero quiero llegar a conocerle, e incluso a lo mejor me dará pena si decide marcharse. Me acurruco cerca de su pecho, pero sin llegar a rozarle, y en pocos segundos el sueño me atrapa en sus dulces garras.


Sueño que nado a toda velocidad entre corales. Unas aletas extrañas se mueven delante de mí. Lucas sujeta un saco que no había visto nunca y nada a la misma velocidad que yo, o más rápido aún. Huimos de algo, pero no sé de qué. Lucas mira hacia atrás aterrorizado y después me agarra del brazo, arrastrándome hacia adelante. Oigo un golpe tras de mí y todo se vuelve oscuro.


Abro los ojos asustada. Arch me mira desde arriba, sorprendido y con las manos ligeramente separadas, como si le hubieran pillado a media palmada. Me abalanzo sobre él, mosqueada porque me ha despertado con sus palmadas. Se ríe y escapa mientras Aquata le mira con complicidad y Alana se ríe descontrolada.

– ¿Cómo te atreves a despertarme de esa manera?
– Calla, calla – dice entre risotadas – no te despertabas, ¿Qué querías que hiciera?
– No lo sé pero eso no – le respondo enfurruñada.

Sin que nos diéramos cuenta Lucas también se ha despertado y nos mira aturdido. Una sonrisa ladeada y discreta se disimula en su boca y Alana le suelta un pequeño coscorrón y un “dormilón” con mirada tierna. ¿Cuándo se han hecho tan amigos esos dos?

– ¡Chicos! Tenemos que movernos, en medio día de viaje deberíamos poder llegar al lugar de la primera prueba. – Aquata nos interrumpe intentando poner expresión seria, pero se le escapan miradas de pánico a su hermana.
– Todos sabéis ya que nosotras no tenemos ningún recuerdo de ninguna de las pruebas. – Continúa Alana, – Lo que sí sabemos es que son cinco pruebas a día y medio de viaje una de otra. Lo que nosotras llamamos el “lugar de las pruebas” es un gran portal de piedra con una inscripción en tritonio antiguo.
– Precisamente por el hecho de que nosotras desconocemos cuáles son las pruebas queremos advertiros que pueden llegar a ser peligrosas, complicadas o sin sentido, pero hay que afrontarlas con decisión o todo será un desastre. – Las gemelas siempre hablan así, una terminando las explicaciones de la otra.
– ¿Entendido?

Todos asentimos y yo vuelvo a recordar mi sueño. Me preocupa lo que haya podido significar. Arch me da un suave puñetazo en el hombre y veo como todos recogen sus cosas para irnos. Me lanzo a recoger mi saco, pero calculo mal y me doy contra Lucas sin querer. Me agarra por la cintura y le miro pidiéndole disculpas. Su sonrisa ladeada vuelve a aparecer y luego se gira a poner sus cosas en orden. Yo le imito, pero mi cabeza sigue perdida en las profundidades de mi subconsciente.


Hacia la hora de comer vemos a lo lejos una enorme silueta oscura. Es el portal, pero aún no entendemos muy bien lo que vamos a tener que hacer allí. No me da demasiada seguridad, pero Lucas parece decidido, casi emocionado. A medida que nos acercamos la silueta cobra forma y se engrandece lentamente. En lo alto del arco de piedra que es el portal hay una pequeña inscripción el tritonio antiguo, como dijo Alana. Está hecha de coral rojo y brilla un poco cuando la escasa luz del sol se refleja en ella.

– ¿Qué hacemos ahora? – pregunta Lucas
– Ahora cruzamos – contesta Aquata.

Veo a Arch cerrar los ojos, Alana suspira, Lucas traga saliva y yo aprieto los puños. Aquata toma la delantera y la seguimos a cierta distancia, asustados. Nada más cruzar, una voz resuena en mi cabeza. Me quedo paralizada, es como si el mundo a mi alrededor dejase de existir.

– Habéis entrado en los dominios de la primera prueba del Peregrinaje. Convertido y Responsable deberán pasar la prueba solos si queréis avanzar.

Un extraño eco se hace en mi cabeza mientras el océano vuelve a cobrar vida ante mis ojos. Mi hermano me mira serio, cogiéndome por los hombros.

– ¿Paula?
– ¿Qué pasa? – Me mira con evidente alivio
– Lucas y tú os habéis detenido de golpe. ¿Estás bien? Estás muy pálida
– ¿Sí? – Pregunto tocándome la cara.

Miro a Lucas, que aún no ha reaccionado incluso con los zarandeos de Alana. Me acerco preocupada y oigo como Alana se desespera llamándole. Le toco el hombre y asiento con la cabeza, nos ponemos una a cada lado de la cabeza de Lucas y gritamos a la vez su nombre. Aletea hacia arriba asustado y con las manos en las orejas.

– ¿Queríais dejarme sordo o algo? – Nos grita.

Alana y yo nos sonreímos, al menos ha reaccionado. Pero la sonrisa se nos borra de la cara al ver a Aquata y Arch acercarse demasiado serios.

– Paula, Lucas, queremos saber que ha pasado
– ¿Vosotros no lo habéis oído? – Pregunta Lucas poniéndose a mi lado. Todos niegan con la cabeza.
– ¿Oír el qué? – Pregunta Arch
– Una voz nos ha dicho que sólo nosotros debemos pasar las pruebas si queremos continuar el viaje.
– ¿Y cuál es la prueba? – las gemelas vuelven a su costumbre de hablar al unísono
– No tengo ni la más remota idea, eso no lo ha dicho – Lucas se encoge de hombros al decirlo, despreocupado. – Para saberlo hay que seguir adelante y esperar a que nos vuelva a hablar.

Nada hacia adelante, pero no llega demasiado lejos. Esta vez no es una voz, sino una imagen. Un enorme cofre cerrado aparece en mi mente. Me urge la necesidad de buscarlo, supongo que la prueba es esa, encontrar el cofre del tesoro.

– Ya sé cuál es la prueba chicos – digo seria. Lucas asiente girándose a mirarme.
– Muy bien entonces, buena suerte – ahora Arch toma la delantera y me guiña un ojo antes de continuar. – Nosotros nos adelantaremos hacia el siguiente Portal. ¿Podréis alcanzarnos cuando acabéis?
– Hecho – Lucas coge una de las mochilas que habíamos dejado apoyadas en el suelo con una mano y con la otra me agarra la mía.

Oigo las protestas de las gemelas, pero Arch las hace callar y nosotros nadamos demasiado rápido como para que puedan detenernos. La decisión está tomada, de todas formas tenemos que hacerlo Lucas y yo solos.

– ¿De verdad lo oíste y viste? – Lucas parece inseguro
– De verdad – me pregunto si debería contarle lo de mi sueño, pero no creo que sea el momento.
– Paula, mira eso. Estoy seguro de que lo que buscamos está allí – señala un viejo galeón hundido, todo cubierto de algas, corales y peces de colores que se pasean por entre los huecos.

Un escalofrío me sube por el espinazo y Lucas me mira con la evidente excitación en su cara.

jueves, 23 de abril de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 5

Lloro desesperada con las rodillas hincadas en el suelo. Justin me abraza y me balancea suavemente intentando consolarme. Eso con un brazo. Con el otro marca el número de su casa, buscando un poco de ayuda. No oigo realmente lo que dice Justin, solo noto los balanceos y mi cabeza empieza a volar.


Los recuerdos y las visiones pasan caóticamente ante mis ojos. No veo lo que tengo delante, solo caras, paisajes. Retazos de mi memoria escapan de sus cajas y cajones, me asaltan y se desordenan, provocando que las lágrimas fluyan con más fuerza. Todo esto es por mi culpa. Yo mordí a Rory, yo le convertí a nuestra especie, yo le destrocé la vida. Y ahora por mi culpa está muerto.


– Lyd, ¡Escúchame de una vez! ¡No puedes perder la compostura de esta manera! – Oigo hablar a Justin y sé que me habla a mí, pero no puedo reaccionar.


Sus palabras no harán efecto y creo que Just lo sabe. Posa sus manos en mis mejillas y me obliga a mirarle a los ojos. De repente sus labios se funden con los míos y noto el sabor salado de mis lágrimas. Me relajo entre sus brazos, despacio, como si me derritiera.


– Por favor no me abofetees. No reaccionabas y no me parecía bien pegarte.


Ahora lo beso yo, desesperada. Él me devuelve el beso, se separa y me abraza con fuerza


– Mis padres van a ir a recoger el cuerpo. Lo enterraremos como es debido, te lo prometo. Ahora solo déjame hacerme cargo de ti, por favor.


Asiento con la cabeza mientras me ayuda a levantarme. Me lleva hasta el dormitorio que compartimos, junta nuestras camas a un lado de la habitación y me tumba en ellas. Se tumba a mi lado y me rodea con sus brazos. Me siento más segura junto a él, juntos siento que nada puede ir mal. Aunque obviamente eso sea mentira.


Siento los labios de Justin recorrerme un lado de la cara. Tengo los ojos cerrados y parece que he conseguido calmarme lo suficiente como para estar del todo relajada. Su boca baja por mi mandíbula y me besa la barbilla. Luego le siento bajar rozando un lado de mi cuello y noto sus manos en mi cintura, apretándome contra él. Se meten bajo mi camiseta y me acarician el estómago. Ahora pasan a mi espalda, y siguen acariciándome y lanzando escalofríos de placer por mi espinazo. Abro los ojos e intento extender los brazos para rozar su pecho, pero me gira y me aprisiona bajo su cuerpo. Sus manos agarran las mías y sus rodillas se hincan en la cama a ambos lados de mi cadera.


– Just, ¿Qué…?
– Enrollarme con la chica que quiero – me interrumpe plantándome un beso en los labios – ¿Algún problema señorita?

Le beso yo, dejando claro que no tengo ningún problema. Él me devuelve el beso y tira de mi camiseta hacia arriba. Después de pasármela por la cabeza, se quita la suya. Ahora si me deja tocarle. Le acaricio el pecho mientras él vuelve a besarme. Sus labios rozan mi barbilla y mi clavícula, y va bajando hasta topar con el sujetador deportivo que suelo llevar por casa. Se mueve encima de mí y empieza a recorrer con su boca mi vientre. Otro escalofrío sube por mi espalda. Y entonces suena su móvil, y por la canción que suena sé que es Silvia.


– Just, tu móvil – susurro mientras vuelve a besar mi cuello.
– Lo sé.
– Es Silvia.
– Ahá.
– Cógelo, has quedado con ella en… – miro el reloj de la mesilla – 20 minutos. Tienes que ir y decirle lo que tengas que decirle.
– Pero… – le callo con un leve roce de labios.
– Vete, estaré bien. Te esperaré – rozo otra vez sus labios y él se levanta de la cama.
– Llámame si mis padres te dicen algo. Volveré pronto.
– Llegarás tarde – le sonrío tumbándome en la cama. Y él sale por la puerta poniéndose la camiseta.

Aprovecho para poner mis pensamientos en orden. Hay que encontrar una manera de enterrar a Rory como Dios manda. Desearía que recuperara su forma humana, pero no lo va a hacer y eso me duele. Él es sólo un crío que nunca más volverá a serlo. Entre estos pensamientos el sueño me toma entre sus dulces brazos y todo se oscurece en mi cabeza.

Los padres de Justin llegan a mi casa. Rory ya se está curando y habla animado con Justin y conmigo. Yo estoy un poco cortada, me siento culpable, un monstruo. Claire, la madre de Just, ha llamado a casa de Rory. Vienen hacia aquí. Hay que convencerlos para que acepten la nueva condicón de su hijo, quien, estando en la estación que estamos, no tardará en ceder a la llamada del virus. Todo está ligeramente amortiguado a mi alrededor, como si estuviéramos bajo el agua. Parece que la culpa tiene ese efecto en mí.

Los padres del niño llegan demasiado rápido. Tengo un mal presentimiento, me aterroriza que se lo puedan tomar a mal, aunque sería lo más natural.

 – ¿Dónde está mi niño? – Grita la madre
– ¡Mamá! – Grita Rory

Se abrazan dramáticamente mientras Claire y Al se presentan al padre.

– Por favor, siéntense. Hay algo que deben saber. – Dios mío, suena fatal. – Justin, llévate a Rory y a Lydia arriba. Id a ver la tele.

Justin me toma de la mano y le dice a Rory que le siga. Nos lleva arriba. Al cabo de un rato se oyen un par de gritos ahogados, seguramente hechos por la madre de la criatura. Quiero creer que le amarán igual. Quiero creer que no le dejarán atrás. Justin me aprieta el brazo, me reconforta su presencia. Encendemos la televisión para mantener a Rory ocupado y de repente oímos un portazo.


Abro los ojos sin moverme demasiado. Me he quedado dormida sin darme cuenta i he soñado con Rory. Hay un brazo en mi cintura, Justin duerme abrazado a mí. Supongo que habrá llegado y se habrá tumbado a mi lado. Voy a despertarle para preguntarle qué tal ha ido todo, pero me contengo. Debe de estar tan cansado como lo estaba yo, así que voy a dejar que duerma. Cuando despierte me lo contará todo.


Me quedo tumbada a su lado, dejándome abrazar hasta que no lo puedo soportar más y me levanto. Voy al salón y cojo un libro. Leo hasta que oigo ruido de pasos en las escaleras. Justin está despierto.

jueves, 5 de febrero de 2015

La Loba Blanca de la Manada: Capítulo 4

El bosque está húmedo y huele muy fuerte. Pero aun así el olor de las presas y del resto de la manada sigue presente. Mamá corre a mi lado y el Alpha va delante. La manada se mueve unida, y corremos a través de los árboles siguiendo un rastro que desconozco. Aún no puedo diferenciar el olor de las presas, no sé si sigo un conejo o un hurón. Pero yo sigo a los demás lobos y corro frenética entre la maleza. Mi madre me manda imágenes del bosque, de nuevos animales que todavía no he descubierto. Los asocia a sensaciones, olores, sabores.

De golpe, un ser extraño aparece en mi mente. No tiene pelo en el cuerpo y se apoya en las patas traseras para caminar. Le envío mi desconcierto y no me responde. Debe de ser otro tipo de presa. Guardo su imagen y la etiqueto como caza. Algo me dice que esto no encaja, pero si Mamá lo dice debe de estar bien. 

Un olor desconocido se abre paso por mis fosas nasales. Sigo el rastro separándome de la manada y troto hasta uno de los lindes del bosque siguiendo la esencia. Una criatura parecida a la imagen que he recibido antes. Pero es más pequeño, debe ser una cría. Y se ha separado de sus padres, porque está solo.

Me agazapo entre los arbustos, preparada para saltar. Va a ser mi primera presa, y va a hacer que me gane un puesto en la manada. Sigo al animal con la mirada. Y de golpe me ve y huelo un cambio en su estado de ánimo. Es un olor parecido al que desprenden los cachorros más jóvenes cuando ven a un conejo solo o al Alpha volver de caza. Se acerca a mí con una pata extendida y siento el miedo agarrarme las patas. Un gruñido sube por mi garganta, no quiero que se me acerque más. Pero sigue moviéndose hacia adelante. No me oye y ya casi le tengo encima.


Un aullido se eleva en el aire y en menos de un segundo la sangre del cachorro explota en mis fauces. Un grito antinatural surge de su garganta y le arrastro bosque adentro. Aúllo de nuevo, pido ayuda a mi manada. No me importa que sea de día, estoy perdida y no sé qué hacer.


La presa ha dejado de gritar, gimotea como si le doliera mucho. Pero mis dientes ya no están clavados en su carne. El Alpha y el otro lobo negro llegan al claro donde el animal yace hecho un ovillo. Le olisquean y me preguntan. Les envío mi percepción, les digo: “He cazado yo sola”, pero no me responden. Entonces llega Mamá, y se pone al lado del Alpha. Se huelen y supongo que se manda imágenes también, hasta que al fin Mamá se me acerca. Me obliga a olisquear al animal herido y me manda señales de que he hecho algo mal. Me vuelve a llegar la imagen del ser de dos patas junto con una nueva sensación. Peligro, no debo acercarme a esa especie. Luego me da un par de lametazos y me ayuda a arrastrar al ser.



Poco después, me transforme en humana. Esa había sido mi primera transformación larga, así que todo me resultaba nuevo. Cuando los recuerdos fueron viniendo y vi al niño me escandalicé y el pánico me estremeció. Al poco rato empecé a recomponerme y decidí llevarle a casa. Le quité al niño la chaqueta que llevaba y me la puse. No quería ir desnuda. A mis 13 años, todo eso era demasiado para mí. Me cargué al chico medio inconsciente a la espalda y me dirigí a mi casa.


Cuando llegué, tendí al chico en la isla de la cocina y subí corriendo a mi habitación. Me puse algo de ropa encima y cogí el botiquín y volví a bajar corriendo a la cocina. Por el camino cogí el teléfono y marqué el número de Justin a toda prisa.


– ¿Justin eres tú?
– Dios mío, ¿Lydi? Has vuelto – le oigo suspirar – ¿Quieres que te recoja con la bici?
– No, no. Ya estoy en casa necesito que vengas aquí ahora mismo. Ha… pasado algo. Tienes que venir de verdad. – Mi voz se quiebra un poco y oigo como Justin grita adiós a sus padres.
– Ya estoy de camino. En 10 minutos estoy entrando por la puerta.


Por aquel entonces, Justin ya había pasado noches conmigo en los invierno así que se conocía la casa y el camino como la palma de su mano. Después de colgar entré en la cocina y me decidía curarle la herida al niño. Le desperté como pude, necesitaba hablarle, decirle algo. Abrió un ojo pero enseguida volvió a cerrarlo. Estaba muy pálido, así que pensé que lo mejor era curar la herida del mordisco. Cogí el alcohol y la desinfecté un poco antes de envolverle el brazo con una enorme gasa lo más apretado que mis temblorosas manos me permitieron. Una vez la hemorragia empezó a parar, le llevé al sofá y le dejé que durmiera un rato.


Justin llegó a los pocos minutos y me ofreció la calma y la tranquilidad que yo sola nunca podré conseguir. Rory despertó tras un par de horas, y el susto que se llevó no se lo va a pagar nunca nadie. Al ser un niño conseguimos que lo entendiera sin asustarse tanto como un adulto, pero aún había un montón de problemas que solucionar.

Ese año fue en el que los padres de Justin se enteraron de nuestro secreto. Ellos tampoco reaccionaron tan mal como pensé que lo harían. Si no fuera por ellos, jamás habríamos salido de aquel paso.

lunes, 2 de febrero de 2015

El Secreto del Océano: Capítulo 5

Lucas

Las calles están en silencio. Debe de ser muy temprano. Sé que Paula y Arch no quieren que nadie me vea, o que me vea la menor cantidad de gente posible. En parte lo entiendo, soy como una especie de aberración o algo así.

El palacio que vi a lo lejos cuando llegamos es mucho más alto ahora que estoy a sus pies. Desprende una suave luminiscencia blanquecina. Casi parece que los alrededores estén bañados por una niebla submarina. Se me escapa un pequeño sonido de admiración y Arch me mira con cara de circunstancias. Unos tritones con lanzas de coral nos detienen

– ¡Alto! ¡Identifíquense!
– Somos Paula y Arch Golden, traemos un transformado para que nos indiquen como seguir el protocolo.

Los dos guardias intercambian unas pocas palabras y luego nos dejan pasar. Nos indican un par de pasillos y cruces hasta el salón donde tenemos que esperar a que la reina nos reciba. La emoción me pica en la parte baja del estómago, aunque el miedo paraliza suavemente lo que antes solían ser mis pies. Me observo detenidamente por primera vez desde que Paula me dio ese “beso”. Tengo dos aletas por pies, como si mis antiguas extremidades se hubieran aplanado. Entre mis dedos han aparecido unas membranas que hace que mis manos se vean muy extrañas, y siento las branquias moverse en mi cuello. Tengo la sensación de que algo ha cambiado también en mi cara, pero no he encontrado ningún espejo por aquí y no me fio demasiado del tacto de mis manos. Tampoco puedo preguntarle a Paula, porque apenas me vio como humano, como completamente humano quiero decir. Pero no me importa demasiado, me gusta este nuevo mundo. Aunque a lo mejor debería volver y no preocupar más a Sara. Estoy un poco confuso.

Las puertas se abren dejando paso a una par de sirenas jóvenes que van directamente a los brazos de Paula y Arch. Parece que se conocen. Les oigo hablar aunque no capto su conversación, tampoco me interesa mucho. Estoy más preocupado por la inminente presencia de la reina. No sé por qué, simplemente me preocupa. Me imagino una sirena en sus años dorados, con la cola de brillantes tonos dorados o plateados, con una corona de coral rojo brillante y un bastón de algún material misterioso. Me la imagino majestuosa, orgullosa y buena.La esposa fallecida del rey Tritón en la Sirenita. Todo esto me parece un cuento a veces, a lo mejor en unos segundos me despierto y nada es real. Pero sé que no es un sueño, ni un cuento. Esto es real y aún no lo comprendo del todo.

Paula me saca de mis ensoñaciones. Parece que eso se está convirtiendo en costumbre.

– Lucas, esta son Aquata y Alana – las dos sirenas que han entrado antes se me acercan y me percato de que son gemelas. La única diferencia que puedo apreciar es el color en las bandas de sus pechos. Aquata lleva una banda naranja, a juego con el color de su cola, y Alana una verde oscuro que contrasta bastante bien con sus escamas. – Ellas son amigas de infancia de Arch y mías, encontraron un trabajo en palacio el verano pasado y son las que nos van a acompañar durante todo el rato. Si tienes preguntas será mejor que se las hagas a ellas, saben más que nosotros sobre este tema – me sonríe amable. El miedo de sus ojos ha ido desapareciendo a medida que hablaba más conmigo, y creo que la conversación de anoche nos hizo bien a ambos.
– Hola chicas – sonrío a las gemelas que aún me miran un poco recelosas. – Soy Lucas.
– En cualquier momento va a entrar la reina – empieza Alana
– Y debemos decirte unas pequeñas cosas para que no hagas nada de lo que puedas arrepentirte en su presencia. – Sigue Aquata. Hablan entre las dos, como si se leyeran la mente la una a la otra.
– Para empezar, no hables si no te pregunta, deja que los demás nos encarguemos.
– No la mires a los ojos demasiado rato
– No la observes como si fuera un espécimen desconocido, aunque lo sea para ti.
– Añade “Su Majestad” a tus frases.

Las gemelas siguen y siguen dándome indicaciones. Intento no perderme demasiado, captar sus indicaciones tal y como me las diciendo. Y de repente paran de hablar tan súbitamente como empezaron.

– Ahora, recuerda hacer la reverencia cuando entra y todo irá bien. – Arch me da una palmada en la espalda mientras lo dice, y yo respiro hondo.

Un sonido parecido al de las trompetas terrestres inunda la sala y las gemelas se posicionan a un lado de la puerta, dejándonos a Paula, Arch y a mí formando una hilera en el centro de la habitación. El enorme portón se abre dejando paso a un cuarteto de guardas con sus lanzas rojizas. Tras ellos, una majestuosa sirena de escamas de sangre y top dorado con una corona de plata. Ella tiene que ser la reina Siri, la que decidirá lo que pueda pasar en mi vida a partir de ahora. Infunde respeto, y tengo que reconocer que me asusta un poco. Se me acerca y me posa una mano en la frente. Y entonces se me nubla la vista, y la oscuridad me engulle lentamente.



– Siri, ¿Estás segura que esto puede salir bien? ¿Recuerdas que fui el primero en volver de esas pruebas? Es mi hermano, no quiero que nada malo le pase. – La voz me resulta familiar, pero suena lejana, como en un sueño.
– Marcos, sabes que siendo quien es no le enviaría allí si no pensara que puede volver. Precisamente porque es tu hermano creo que puede ir y volver. El viaje es necesario para que tome su decisión, y si sabe que estas aquí no va a ser una decisión imparcial. – Es una voz femenina, amable y desconocida, suena tierna.
– Pero, ¿Qué pasa si no vuelve? No quiero perderle a él también. Le he echado mucho de menos, y por fin lo tengo aquí, a mi lado otra vez.
– No te preocupes mi amor, por eso le van a acompañar ellos cuatro. Arch y Paula son responsables de él ya que Paula fue quien lo convirtió, y las Gemelas serán sus guías, como lo fueron contigo.
– Sí, pero yo conté con tu magia
– Estaba ahí sí, pero no la utilicé en ningún momento, y lo sabes.
– U-un momento – tartamudea la voz de Paula – ¿Qué es lo que está pasando aquí? ¿No lo entiendo? ¿Quién es este tritón? ¿Por qué llama a Lucas “hermano”? ¿De qué viaje estáis hablando?
– ¡Paula! – Arch suena alarmado
– Tranquilos chicos – dice la mujer – os lo explicaré todo en cuanto mi hechizo de desvanecimiento se disipe y Lucas despierte. Disculpad que haya utilizado un conjuro contra él, pero no podía dejar que viera a Marcos o todo habría sido más complicado.
– Mi nombre es Marcos, soy el hermano menor de Lucas. El año pasado el barco en el que viajaba con nuestros padres naufragó. Mis padres se ahogaron y la corriente los arrastró lejos de mí. Yo, fui rescatado por vuestra reina.
– El viaje del que ellos hablaban es El Peregrinaje. Es un viaje que deben hacer todos los convertidos y que consta de varias pruebas. – Aquata lo explica con calma, pero le tiembla un poco la voz.
– Es un viaje muy peligroso del que solamente ha vuelto este tritón que veis aquí, Marcos. Se supone que si llegas al final del viaje puedes decidir si quieres volver a tierra firme o si prefieres quedarte en Síral como tritón o sirena. Nosotras no conocemos las pruebas, pero sabemos el camino. Es un secreto que se ha transmitido de generación en generación en nuestra familia.
– Esperad un momento. – Arch parece desconcertado por algo – Si ya habéis hecho ese viaje, ¿Cómo es que no conocéis las pruebas?
– Al llegar al final del viaje y después de tomar tu decisión, se borra todo recuerdo de las pruebas. No recuerdas absolutamente nada que tenga relación con ellas. – Explica la voz de la mujer con paciencia. – Paula, Arch, necesito que cuidéis de Lucas y que le ayudéis a superar las pruebas siempre que sea posible. Pero recordad que la decisión debe tomarla él sin ningún tipo de incentivo. También quiero que mantengáis en secreto la presencia de Marcos en la ciudad. Él debe decidir si quiere volver a su pueblo o no sin saberlo, ¿Lo habéis entendido?




Unas manos me zarandean. Oigo las burbujas ascender a mi alrededor.

– Despierta de una vez, Lucas – La voz de Paula tiene una nota de súplica que me despierta.

Abro los ojos alarmado y aleteó en círculos un par de veces mirando a todas partes.

– ¿Qué me ha pasado? He tenido un sueño rarísimo, yo…
– Tranquilízate Lucas, estás bien. Sólo tenía que hacer una pequeña comprobación de tus recuerdos antes de hablar contigo. – Me giro hacia la voz que me habla y me topo de frente con la reina Siri.
– Oh
– Veamos entonces, creo que tengo que explicarte un par de cosas Lucas.

jueves, 8 de enero de 2015

El Secreto del Océano: Capítulo 4


Paula


Las luces me ciegan por un momento y luego la voz de mi hermano me quita el aliento.

– ¿Dónde te habías metido? Casi me da algo intentado… – se da cuenta de la presencia de Lucas, me mira y grita señalándole – ¿Quién demonios es este?
– Lucas, encantado – dice él en un intento mal disimulado de calmar el ambiente.
– Mira Arch, te lo puedo explicar todo, pero déjame que antes le lleve a mi habitación – No le doy tiempo para contestarme.

Guio a Lucas a través del pasillo hasta mi habitación y le cierro la puerta en las narices, dejándole con las palabras en la boca. Luego vuelvo a la cocina para enfrentarme a Arch.

– ¿Qué ha pasado? ¿Por qué le has convertido? ¿Qué es lo que sabe de nosotros? ¿Qué? ¿Qué? – veo el escándalo en su mirada.
– Arch, escúchame y por favor, por favor te lo pido, ayúdame con esto. Estaba de reconocimiento por la costa y he salido un momento a mirar el cielo. No ha sido nada, sólo un segundo, pero él estaba nadando allí. No sé si me ha visto al principio pero sé que ha visto mi cola, y sabes que la mía no es una cola fácil de disimular. Es morada por dios, como camuflo yo ese color aquí. – Me desespero sin darme cuenta y luego continúo – Le agarre de un pie y le hundí porque me había visto y… y… y no podía dejarle volver a tierra, así que le di un beso para que no se ahogara y le arrastre hasta aquí
– Paula, hay que hablar con la reina. Sabes cuál es el procedimiento en estos casos. Sabes que la reina tiene que exponerle la situación y darle la opción de volver a casa.

– Pero nunca he oído lo que les pasa a las sirenas que los han convertido, o… o a los tritones.

– Yo tampoco pero no les puede pasar nada. Lo sabes. Tenemos que llevarle al palacio. Si quiere lo hacemos mañana, pero hay que hacerlo.
 
– Me acompañarás, ¿Verdad? – El miedo me asalta. Me agarra el estómago y me paraliza.


Arch da un aletazo, se acerca y me abraza. Intenta reconfortarme, aunque sé que en cuanto me recupere un poco me va a echar la mayor bronca de la historia. Pero en realidad es por eso por lo que lo quiero tanto. Siempre antepone su amor por alguien al enfado.


– Ya está Arch. Ya puedes pegarme la bronca.
– Oh, no me va a hacer falta, creo que ya estas suficientemente asustada – dice riéndose mientras vuelve a la cocina.

Suspiro aliviada.


– Entonces… ¿Qué hay de cena?
– Ensalada de algas con cangrejo salvaje. – Me guiña un ojo, sabe que es mi comida favorita, – pero tocaremos a menos con el humano, ¿Cómo has dicho que se llama?
– Lucas, y ya no es humano… – Me sabe tan mal por él. – Creo que iré a llamarle.


Salgo de la cocina y recorro el pasillo en un segundo. Abro la puerta de mi habitación y me encuentro con el cuarto a oscuras. Lucas flota por encima de la cama observando a su alrededor. Puedo decir lo confuso que está, pero veo que la curiosidad también le desborda.


– Me encanta como la tienes decorada. ¿De qué está hecha la cama? ¿Y los peluches? ¿Y las estatuillas o  trofeos? Espera esos son de coral, ¿Verdad? ¿Cómo los ganaste? ¿Acaso…?
– Cálmate – exclamo riendo – ¿Qué tal si vamos a cenar y entre Arch y yo te contamos un poco como va esto? – Veo sus ojos brillar un segundo antes de que se me acerque y se deje arrastrar de vuelta a la cocina.
 

Mi hermano ya ha puesto la mesa con la ensaladera llena en el medio. Siento a Lucas en una silla y me pongo a su lado.
 

– Bueno, hermanito, Lucas tiene un montón de preguntas. Ves diciéndome lo que le decimos hoy y lo que le decimos más adelante.

– Deberías empezar con el plan que tienes mañana – sé que le ilusiona un poco tener aquí a Lucas, no hemos tenido invitados desde que nos independizamos. – O por lo que es la cena – se ríe de la cara de Lucas, que está entre la fascinación, el miedo y el asco.

– Bien, pues esto son algas con cangrejo salvaje y está buenísimo – digo sirviendo algo de ensalada en cada plato. – Y el plan del que habla Arch… Bien, mañana deberíamos ir a ver a la reina. Hay un protocolo a seguir para casos como el tuyo Lucas.

– ¿Y me haría volver a ser humano? – Otra vez veo una chispa de ilusión en sus ojos.

– No lo sabemos – Arch responde por mí – ninguno de los dos hemos estado nunca en una de estas vistas.

– De acuerdo – lo dice tan impasible que me parece mentira. – Paula tenías razón, esto está muy bueno – me sonríe, y casi al instante me relajo.

– ¿Lo ves? – Le sonrío también – Bueno, ¿Tú no tenías un montón de preguntas?

– En realidad es sólo una, ¿Cómo funciona todo aquí? Es decir, ¿Cómo vivís?

– Pues bien, ¿Por dónde empezamos Arch? – Le miro sin saber muy bien lo que puedo decir y lo que no.

– Podemos contarle cosas del colegio y el trabajo si te parece. – Otra vez el chisporroteo en sus ojos, creo que está muy fascinado por este nuevo mundo.

– ¡Ah sí! Aquí hay tres periodos de colegio: la primaria, donde van los niños de 6 a 12 años; la preparatoria, de los 12 a los 15 y la secundaria, de los 15 a los 18. Cada una funciona de manera diferente, y por supuesto dependiendo del centro se recibe un tipo de educación u otro. – Me gusta explicarle esto, creo que es interesante para él.

– En la primaria enseñan las materias básicas, como matemáticas, lengua o ciencias. Luego, las escuelas preparatorias empiezan a especificarse en las distintas profesiones para que en la secundaria se estudien las asignaturas pertenecientes al área de esa profesión.
– ¿Y cuáles son las profesiones?
– Pues hay caza, contabilidad, seguridad, enseñanza, exploración… – Arch se embarca en una verborrea de profesiones interminable, pero Lucas lo mira con tanta admiración que no me atrevo a pararle.
– ¿Y vosotros qué sois? – Me mira expectante, casi que contiene el aliento
– Yo estudié exploración, caza y enseñanza, y Justin caza, seguridad, medicina y periodismo. La caza y la seguridad no eran lo suyo, pero hacían feliz a papá. – Sonrío mirando a Arch, cuya mente vuela lejos un segundo al recordar a nuestro padre.


El resto de la cena pasa rápido. Lucas tiene un millón de preguntas, y Arch y yo hacía mucho que no teníamos invitados. Además, el humano es muy agradecido, sonríe embobado y se interesa por cada una de nuestras respuestas. Y luego le monto una cama como puedo en el sofá y me quedo un rato con él, preguntando yo esta vez.


– ¿Cómo es tu vida en la superficie? – Tengo que reconocer que la curiosidad me estaba matando a mí también
– Pues soy un chico bastante normal. Vivía solo en una casita de pescador y trabajaba de carpintero y pintor para la gente del pueblo. Eran muy buenos conmigo. Había una chica llamada Sara que era mi mejor amiga y me parece que mi novia pero eso nunca lo concretamos exactamente… Ella estuvo a mi lado cuando mi familia murió en el accidente.

– ¿Accidente? – Hay accidentes constantemente al parecer.

– Sí, hubo una tormenta de verano, el barco donde iban mis padres y mi hermano se hundió. Mis padres llegaron flotando a la orilla pero de mi hermano no hubo rastro.

– Lo siento mucho Lucas – de verdad lo siento, me ha caído muy bien este chico.

– No te preocupes – sus labios se curvan en una sonrisa a media, pero hay algo de dolor en sus ojos.
– Bueno, creo que deberías irte a dormir. Mañana tenemos que ver a la reina Siri – le guiño un ojo y me acerco al interruptor para apagar la luz. Pero entonces caigo en algo. Lucas estaba hablando en pasado.